Un flujo migratorio emergente en las Américas está revirtiendo el habitual movimiento de Sur a Norte.
Después de trabajar arduamente durante décadas conquistando el ''sueño americano'', cientos de inmigrantes latinoamericanos en edad cercana a la jubilación están regresando a sus países de origen para disfrutar de un retiro opulento con un presupuesto magro, afirman sociólogos que investigan la nueva ``migración de retorno''.
Algunos vuelven con sus cheques mensuales de Seguro Social y pensiones privadas para disfrutar de los años dorados; otros invierten sus ahorros en pequeños negocios. Revivir su cultura y poder estar en un ambiente más sosegado cerca de los seres queridos que abandonaron en su juventud, son otras de las motivaciones que los inspiran a volver a las tierras que los vieron nacer.
El flujo es parte de un movimiento migratorio más amplio de pensionados anglosajones en Estados Unidos que, seducidos por climas cálidos, un ritmo de vida más relajado, incentivos fiscales y un mayor poder adquisitivo gracias al cambio monetario, están comprando propiedades en Centroamérica y México para vivir la tercera edad en parajes tropicales paradisiacos.
''El inmigrante viene a Estados Unidos por una movilidad social, y cuando llega la hora de retirarse, lo hace donde más le convenga. Tiene sentido jubilarse con dólares en su cultura'', sostiene Viviana Rojas, investigadora de la Universidad de Texas (UT), en San Antonio, que ha estudiado la comunidad de retirados en México. ``Es un fenómeno muy nuevo que crece por la alta inmigración [a Estados Unidos] y la tasa de natalidad de los hispanos''.
Como el tema apenas comienza a investigarse, no existen cifras de cuántos hispanos de la tercera edad retornan a sus países. Pero un estudio reciente de la facultad de Asuntos Públicos de UT en Austin, concluyó que sólo en México vivían entre 75,000 y 100,000 mexicanos naturalizados en Estados Unidos que habían regresado tras jubilarse.
Tampoco hay datos sobre la cifra de estadounidenses retirados en sus destinos favoritos: Costa Rica, Panamá, Honduras, Nicaragua y México. Sin embargo, estadísticas de la Oficina del Seguro Social muestran que el número de pensionados que reciben sus cheques en el extranjero ha crecido en una década (1992-2002) de 188,000 a 242,000, alrededor de un 29 por ciento.
Flavia Cueva, educadora hondureña de 57 años que se nacionalizó estadounidense y vivió en Kentucky durante más de tres décadas, optó por regresar a su país y restaurar una hacienda familiar cercana a unas ruinas mayas en el Valle de Copán. En esa tierra, dirige el bed & breakfast Hacienda San Lucas.
''Buscaba un nuevo comienzo en mi vida y a la vez poder contribuir en algo a mi país natal'', afirmó Cueva a El Nuevo Herald. ``La vida es más fácil acá, con un ritmo de vida más lento en medio de la naturaleza. Mi espíritu lo necesitaba''.
Por tradición, Estados Unidos ha fungido como una meca para muchos latinoamericanos que buscan una mejor forma de sustentar a sus familias. Muchos de ellos mantienen firmes vínculos con sus ciudades de origen a través de la multimillonaria transfusión anual de remesas. Cuando llega la hora de vivir los años dorados, la meca se invierte.
''Con una pensión en dólares, en Latinoamérica puedes costear una sirvienta, un cocinero y un jardinero. Son lujos a los que no puedes aspirar cuando te retiras aquí'', explicó Barbara Perriello, de Agora Travel, una agencia en Delray Beach que organiza tours para personas que buscan jubilarse e invertir en América Latina. ``Muchos abren hostales, librerías y tiendas de submarinismo''.
Expertos como el sociólogo Don Bradley, de la Universidad Carolina del Este, sostienen que el flujo migratorio invertido continuará acelerándose en la medida en que aumente el número de vuelos directos a la región y avancen las telecomunicaciones, las cuales permiten, en gran medida, mantenerse en contacto con los seres queridos.
Entre los hispanos, comúnmente quienes regresan son aquellos que inmigraron a Estados Unidos en edad adulta y, por tanto, poseen menos vínculos emocionales con la tierra que los recibió, dijo Bradley. ``Me sorprendería que quienes retornan sean los latinos que nacieron aquí. Más bien, son aquellos que arribaron más tarde en sus vidas y que han trabajado lo suficiente como para recibir el Seguro Social''.
Algunos países centroamericanos también ofrecen una plétora de incentivos para atraer a ''los pensionados gringos'', lo que en muchos casos les permite llevar consigo sus bienes sin pagar impuestos, e incluso recibir descuentos en medicamentos y servicios públicos, indicó Ruth Halcomb, editora de Liveabroad.com, un portal de internet para expatriados.
Eso contribuyó a que Larry y Honey Dodge se mudaran hace cuatro meses de Montana a Altos del Mar, una urbanización para retirados a una hora de la Ciudad de Panamá. La pareja, de 61 y 58 años, respectivamente, se había cansado del clima político en Estados Unidos porque ''sentimos que nuestras libertades [civiles] se estaban erosionando cada vez más'', dijo Larry en una entrevista telefónica con El Nuevo Herald.
Tras un proceso investigativo de varios años, los Dodge optaron por Panamá, donde les concedieron visas de pensionados. Claro que no fue una tarea complicada cambiar temperaturas frígidas --hasta tenían que velar para que las tuberías de su casa no se congelaran-- por un clima cálido en las montañas con naturaleza verde todo el año.
''Todo aquí me recuerda la vida que tenía hace 50 años'', subrayó Larry, un fotógrafo de calendarios jubilado que es oriundo de California. ``Estoy tan relajado que me encanta''